Óscar Domínguez, pintor surrealista tinerfeño

Oscar Dominguez

Óscar Domínguez nació en la ciudad de San Cristóbal de la Laguna en el año 1906, aunque abandonó la isla en el año 1927 para dirigirse a la entonces meca del arte, la ciudad de París. Aunque en un principio se dedicó simplemente a estudiar arte, el fallecimiento de su padre e 1931, le obligó a convertirse precipitadamente en pintor profesional para ganarse el sustento.

Desde muy pronto, adquirió un lugar preferente dentro del gremio, convirtiéndose en uno de los máximos exponentes del arte nacidos en Canarias, así como una destacada figura dentro del movimiento surrealista, encabezado por André Breton, y seguido por otras figuras como Salvador Dalí y Pablo Picasso, quien no comulgaba del todo con los preceptos de Breton.

La época de su vida en la que más se centró en el surrealismo la encontramos entre los años 1929 y 1938, tiempo en el que se familiarizó con todo tipo de procedimientos automáticos. Curiosamente, las famosas calcomanías, que son dibujos que se pegan a la piel, como tatuajes de “quita y pon”, son obra e invento de Óscar Domínguez. La pertenencia de Domínguez al movimiento surrealista llegó abruptamente a su final en 1945, cuando fue expulsado por diferencias ideológicas y políticas con los miembros del mismo.

A partir de este momento, y con una cada vez más creciente influencia de Pablo Picasso, con el que mantuvo una estrecha amistad, su obra adquiere tintes cubistas, de los que se libera más tarde cuando entra en lo que conocemos como su “periodo esquemático”. Aquí sus obras se tornan menos caóticas, añadiendo serenidad y equilibrio a sus trazos. En su obra encontramos numerosas referencias a su tierra, como es el caso de volcanes, cuevas y muchas plantas autóctonas de Tenerife, elementos que transformó a placer, haciendo gala de un sentido estético propio de los genios.

A partir de los años 50, la evolución de su arte le lleva hasta el abstracto, tendencia que le acompañará hasta el penúltimo año de su vida, momento en el que retoma sus tendencias automatistas. A pesar de haber vivido la mayor parte de su vida en la capital francesa, desde allí apoya de manera encendida el suerralismo español. Falleció el día de fin de año de 1958 a la edad de 52 años.

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