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Historia del turismo en Tenerife - primeros hoteles

La historia del turismo en Tenerife comenzó mucho antes de que existieran los grandes hoteles del sur, los vuelos llenos de viajeros europeos o las vacaciones organizadas que terminarían convirtiendo a la isla en uno de los principales destinos turísticos de España. Para buscar sus orígenes hay que retroceder al siglo XIX y mirar, sobre todo, hacia Santa Cruz de Tenerife, el Valle de La Orotava y Puerto de la Cruz.

Por entonces, viajar a Tenerife era algo completamente diferente. Se llegaba por mar, los desplazamientos podían durar varios días y las comodidades estaban muy lejos de las actuales. Entre aquellos primeros visitantes había comerciantes, científicos, naturalistas y viajeros interesados en conocer unas islas que todavía resultaban bastante desconocidas para buena parte de Europa.

Más adelante apareció otro perfil que tendría una importancia enorme en el desarrollo turístico de Tenerife: el europeo que viajaba atraído por el clima y buscaba pasar una larga temporada en la isla, especialmente durante los meses de invierno. Algunos llegaban por recomendación médica y otros simplemente porque comenzaban a descubrir Canarias como un lugar agradable en el que escapar del frío del norte de Europa.

No existe un día concreto en el que podamos decir que nació el turismo en Tenerife. Fue un proceso progresivo en el que se mezclaron las comunicaciones marítimas, la presencia británica, las recomendaciones médicas sobre el clima canario, la mejora de los alojamientos y el atractivo que despertaban lugares como el Valle de La Orotava y el Teide. En esa historia aparecen nombres y establecimientos que todavía hoy forman parte del paisaje turístico de la isla.

Tenerife recibía viajeros mucho antes de recibir turistas

Los extranjeros no comenzaron a llegar a Tenerife en el siglo XIX. La posición de Canarias en las rutas atlánticas había hecho que durante siglos pasaran por las islas navegantes, comerciantes, militares, científicos y viajeros de muy diferentes procedencias.

Pero no todos esos visitantes pueden considerarse turistas en el sentido actual del término. Muchos llegaban por razones comerciales o científicas, hacían escala durante una travesía más larga o permanecían en Tenerife por motivos completamente ajenos al ocio.

El historiador Nicolás González Lemus, uno de los investigadores que más ha estudiado los orígenes del turismo canario y la presencia británica en Tenerife durante el siglo XIX, sitúa precisamente en ese contexto el comienzo de una nueva etapa. La navegación a vapor, las relaciones comerciales con Gran Bretaña y la creciente fama del clima canario fueron creando las condiciones necesarias para que apareciera una actividad turística propiamente dicha.

También el investigador Enrique Estévez Monzo, al estudiar los primeros años del turismo canario a través de la prensa de la época, distingue entre la llegada tradicional de viajeros y el nacimiento de un movimiento turístico más organizado. En su estudio sobre el Diario de Tenerife de 1887 señala que todavía durante la década de 1860 el movimiento turístico en Tenerife era prácticamente inexistente y sitúa un cambio apreciable alrededor de 1870.

Por eso, cuando hablamos del origen del turismo en Tenerife, no estamos buscando al primer extranjero que llegó a la isla con intención de descansar. Lo realmente interesante es descubrir cuándo empezaron a existir transportes, alojamientos y empresas preparados para recibir de forma habitual a personas que escogían Tenerife como destino.

Los barcos británicos acercaron Tenerife a Europa

Uno de los grandes cambios llegó con la mejora de las comunicaciones marítimas. La incorporación de los barcos de vapor hizo que los viajes fueran más rápidos y, sobre todo, más regulares que durante la época de la navegación a vela.

La relación con Gran Bretaña resultó fundamental. Diferentes líneas marítimas británicas que conectaban Liverpool con territorios africanos utilizaban el puerto de Santa Cruz de Tenerife como escala y, gracias a estas rutas, la isla empezó a resultar mucho más accesible para los viajeros procedentes del Reino Unido.

Enrique Estévez Monzo recoge un dato que ayuda a entender hasta qué punto aquellas comunicaciones favorecieron los viajes. Las compañías llegaron a vender billetes de ida y vuelta con una validez de un año y precios de entre 15 y 25 libras esterlinas, lo que facilitaba las largas estancias en Canarias. Hacia 1870 estas conexiones ya estaban contribuyendo a aumentar la llegada de visitantes extranjeros.

Santa Cruz era la puerta de entrada natural porque los barcos atracaban en su puerto y la ciudad disponía de establecimientos donde alojar a quienes permanecían allí. Sin embargo, muchos de aquellos visitantes no tenían intención de quedarse en la capital y al otro lado de la isla se encontraba el Valle de La Orotava, un lugar cuyo paisaje, vegetación y clima comenzaban a adquirir fama entre los viajeros europeos.

El clima de Tenerife se convirtió en uno de sus primeros reclamos

Hoy Tenerife se promociona por sus playas, el Teide, su naturaleza y la posibilidad de disfrutar de temperaturas agradables durante buena parte del año. En el siglo XIX el clima ya era uno de los principales motivos para viajar a la isla, aunque entonces se utilizaba sobre todo como argumento relacionado con la salud.

Durante aquella época se extendió entre médicos y viajeros europeos la idea de que los climas templados podían resultar beneficiosos para determinadas enfermedades, especialmente las respiratorias. Las estancias invernales en regiones con temperaturas suaves se hicieron cada vez más frecuentes entre las clases europeas que podían permitirse largos desplazamientos.

La Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia ha estudiado con detalle esta relación entre turismo y salud. Su documentación sitúa en la segunda mitad del siglo XIX el desarrollo de este primer turismo canario y señala el enorme peso que tuvieron los viajeros enfermos que buscaban recuperarse o aliviar sus dolencias gracias al clima de las islas.

El Valle de La Orotava ocupó una posición destacada en esa fama. En 1861, por ejemplo, el médico francés Gabriel de Belcastel publicó una obra dedicada a las Islas Canarias y al Valle de La Orotava desde el punto de vista higiénico, mientras que años después el médico escocés William Marcet estudió las condiciones climáticas de Tenerife y su posible aplicación terapéutica.

La misma Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia señala que antes de 1875 ya existían fondas, posadas, casas de huéspedes y algún hotel, aunque buena parte de aquellos alojamientos eran todavía bastante modestos. El aumento y la mejora de la oferta hotelera a partir de esa década sería uno de los factores que permitirían que creciera el número de visitantes.

No bastaba, por tanto, con que existieran europeos interesados en pasar el invierno en Tenerife. También era necesario ofrecerles alojamientos capaces de recibirlos durante semanas o incluso meses, y esa necesidad terminaría favoreciendo la aparición de establecimientos cada vez mejores.

Los primeros hoteles estaban en Santa Cruz

Puerto de la Cruz desempeñó un papel decisivo en el nacimiento del turismo, pero sería incorrecto afirmar que allí aparecieron los primeros hoteles de Tenerife. Santa Cruz ya contaba con establecimientos hoteleros varias décadas antes de que el norte de la isla comenzara a especializarse en viajeros extranjeros.

Uno de los primeros que aparecen claramente documentados es el Hotel Inglés, en Santa Cruz de Tenerife. Enrique Estévez Monzo recoge su existencia desde 1841, cuando se encontraba en el número 11 de la entonces conocida como calle de los Balcones, actual calle San Francisco.

La documentación histórica de la Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia confirma también que aquel inmueble funcionaba desde 1841 como establecimiento para viajeros. Posteriormente fue adquirido por el madeirense Louis Gomes Camacho y pasó a ser conocido como Hotel Camacho.

Otro establecimiento importante fue el Hotel de La Marina, que abrió sus puertas en 1862. Según el estudio de Estévez Monzo, estaba situado en la calle del mismo nombre, disponía de unas treinta habitaciones y era especialmente apreciado por las vistas de la bahía que podían contemplarse desde sus estancias.

En 1886 pasó a denominarse The International Hotel y unos años después cambió de ubicación. Santa Cruz contó además con establecimientos como el Hotel Victoria, el Pino de Oro y la antigua Fonda Francesa, posteriormente conocida como Hotel Orotava.

La diferencia estaba, en buena medida, en el tipo de cliente. Algunos de los huéspedes de los hoteles de Santa Cruz eran comerciantes, militares, funcionarios o viajeros que tenían asuntos que resolver en la capital, mientras que en el norte comenzaba a desarrollarse una oferta cada vez más orientada a personas que elegían Tenerife como lugar en el que descansar, recuperarse o pasar una temporada.

El Valle de La Orotava empieza a descubrir el turismo

En 1864 encontramos uno de los primeros pasos significativos en esa transformación. La documentación estudiada por Enrique Estévez Monzo señala que Nicolás Benítez de Lugo abrió establecimientos hoteleros en el Valle de La Orotava destinados a extranjeros enfermos.

No eran todavía los grandes hoteles turísticos que aparecerían posteriormente, pero el dato resulta importante. Ya existía una oferta dirigida específicamente a un tipo de visitante que escogía el norte de Tenerife por sus condiciones climáticas y permanecía allí durante un periodo prolongado.

Estos viajeros necesitaban alojamiento, alimentación, servicios y un entorno agradable en el que pasar buena parte del invierno. El problema era que muchos establecimientos seguían siendo viviendas adaptadas o pequeñas casas de huéspedes, por lo que Tenerife todavía tenía que mejorar considerablemente su infraestructura hotelera para responder a las expectativas de una clientela extranjera acomodada.

Turnbull’s Hotel y la importancia de los viajeros británicos

La presencia británica aparece constantemente en los primeros años del turismo tinerfeño y no es casualidad. Gran Bretaña mantenía fuertes relaciones comerciales con Canarias y sus compañías marítimas facilitaban los viajes desde las islas británicas.

Entre las personas que se instalaron en Puerto de la Cruz estuvo el matrimonio escocés formado por John y Elizabeth Turnbull. En 1876 pusieron en marcha el establecimiento que sería conocido como Turnbull’s Hotel, uno de los primeros alojamientos de calidad de la localidad.

La Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia destaca precisamente al Turnbull’s Hotel cuando explica la mejora que experimentó la oferta alojativa de Canarias a partir de 1875. Frente a las fondas y posadas más sencillas, comenzaban a aparecer establecimientos mejor preparados para responder a las expectativas de los extranjeros.

No debemos imaginar todavía un gran hotel como los que aparecerían unos años después. Se trataba de establecimientos de dimensiones mucho menores, próximos en muchos casos al modelo de las casas de huéspedes británicas, pero representaban un cambio importante en la calidad de la oferta turística del Puerto de la Cruz.

Turnbull Hotel - primeros hoteles en Tenerife

Turnbull Hotel – primeros hoteles en Tenerife

El Hotel Marquesa y las antiguas casas convertidas en hoteles

Otro nombre imprescindible en esta primera historia turística es el actual Hotel Marquesa, situado en pleno centro histórico de Puerto de la Cruz. Su caso permite comprender muy bien cómo muchas antiguas viviendas terminaron incorporándose a la nueva actividad turística.

El edificio es mucho más antiguo que el propio hotel y estaba vinculado a la familia Cólogan, uno de los apellidos estrechamente relacionados con la historia comercial del Puerto de la Cruz. La casa había recibido además a viajeros ilustres antes de convertirse en establecimiento hotelero.

Uno de los más conocidos fue el naturalista alemán Alexander von Humboldt, que estuvo en Tenerife en 1799 antes de continuar su expedición hacia América. La Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia recuerda precisamente esta estancia al explicar la posterior transformación de la casa en establecimiento hotelero.

Durante la década de 1880 el edificio terminó incorporándose a la creciente oferta turística de Puerto de la Cruz. Enrique Estévez Monzo señala que en 1887 el marqués de la Candia arrendó la casa a la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava y que posteriormente el establecimiento adoptó el nombre de Marquesa.

Su historia representa muy bien el modelo hotelero de aquellos años. En lugar de levantar siempre edificios nuevos, se aprovechaban antiguas viviendas y casas señoriales que se adaptaban para alojar viajeros extranjeros.

Este sistema permitía aumentar con relativa rapidez el número de plazas disponibles, aunque también tenía sus límites. Una casa podía transformarse en un alojamiento confortable, pero no había sido diseñada para recibir a un gran número de huéspedes ni para ofrecer todos los servicios que comenzaban a demandar los viajeros europeos.

1886: el turismo empieza a convertirse en una industria

Si hubiera que elegir un año especialmente importante en la historia del turismo en Tenerife, 1886 tendría muchos argumentos. Ese año se creó la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava, una iniciativa empresarial que demuestra hasta qué punto estaba cambiando la forma de entender el turismo.

La Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia la considera la primera empresa turística de Canarias. Ya no se trataba únicamente de propietarios particulares que alquilaban habitaciones o acondicionaban una vivienda, sino de una compañía creada específicamente para desarrollar establecimientos y servicios destinados a los visitantes.

Ese mismo año abrió sus puertas en Puerto de la Cruz el Orotava Grand Hotel, situado en los Llanos de Martiánez. La documentación histórica sitúa su apertura el 12 de septiembre de 1886 y señala que contaba inicialmente con dos plantas y veinte dormitorios para huéspedes.

Su orientación estaba muy vinculada al turismo de salud. Cuando los médicos británicos Thomas Spencer Wells y Ernest Hart visitaron Tenerife en 1887 para examinar las condiciones del nuevo sanatorio, el clima y las posibilidades terapéuticas del Puerto de la Cruz eran ya una parte fundamental de la promoción de la localidad.

La compañía también puso en marcha o gestionó otros establecimientos y recurrió al alquiler de viviendas particulares para alojar huéspedes. Puerto de la Cruz comenzaba así a disponer de una verdadera estructura empresarial alrededor de una actividad que todavía era pequeña, pero que crecía con rapidez.

Los datos recopilados por Nicolás González Lemus y Pedro G. Miranda Bejarano ayudan a entender esa evolución. Sus estudios sobre la historia del turismo canario sitúan en unos 300 los turistas recibidos en Puerto de la Cruz en 1886, mientras que en 1895 la cifra había aumentado hasta 2.871 visitantes, con un claro predominio de los británicos.

Tenerife empieza a promocionarse en Europa

Construir hoteles servía de poco si los posibles viajeros europeos no sabían que Tenerife podía ser un buen lugar para pasar el invierno. El desarrollo de los alojamientos estuvo acompañado, por tanto, por una creciente promoción de la isla en el extranjero.

El clima se convirtió en uno de los principales argumentos, pero no era el único. El Valle de La Orotava, su vegetación, los paisajes y el Teide aparecían también como atractivos capaces de despertar el interés de una clientela europea que empezaba a viajar no solo por salud, sino también por curiosidad y placer.

Guías de viaje, publicaciones médicas, artículos de prensa y publicidad hotelera ayudaron a extender la fama de Tenerife. La prensa local también permite comprobar cómo los hoteles, los transportes y la atención a los extranjeros fueron adquiriendo una importancia creciente durante las últimas décadas del siglo XIX.

Ese cambio resulta especialmente interesante porque Tenerife ya no se limitaba a recibir a los extranjeros que llegaban de manera más o menos casual. La isla comenzaba a intentar atraerlos de forma consciente y, utilizando un concepto actual, estaba dando sus primeros pasos en la promoción turística internacional.

El Gran Hotel Taoro cambia las reglas

La gran transformación de aquella primera etapa llegó con el Gran Hotel Taoro. La idea era disponer de un establecimiento capaz de ofrecer un nivel de comodidad comparable al de los grandes hoteles europeos y superar definitivamente las limitaciones de las antiguas casas adaptadas.

La documentación conservada por TEA Tenerife Espacio de las Artes señala que la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava contemplaba desde sus inicios la construcción de un gran hotel dotado del mayor confort posible. Para ello se eligieron unos terrenos elevados sobre Puerto de la Cruz, en una zona conocida entonces como Monte Miseria.

El arquitecto elegido fue el francés Adolphe Coquet y las obras comenzaron en 1888. Dos años después, en diciembre de 1890, se inauguró el pabellón central y en junio de 1891 comenzaron los trabajos de construcción de las dos alas laterales.

Estas últimas quedaron terminadas en julio de 1893, completando un conjunto de dimensiones extraordinarias para la época. Según la documentación de TEA, el Gran Hotel Taoro se convirtió entonces en el mayor edificio de Canarias.

Su importancia, sin embargo, no estaba solamente en el tamaño. El establecimiento representaba una nueva forma de entender la hotelería y mostraba que Tenerife aspiraba a competir por una clientela internacional con un poder adquisitivo elevado.

Gran Hotel Taoro siglo XIX

El Taoro no fue el primer hotel de Tenerife

Conviene aclararlo porque es una afirmación que puede aparecer con facilidad cuando se habla de la historia turística de la isla. El Gran Hotel Taoro no fue el primer hotel de Tenerife, ya que décadas antes funcionaban establecimientos en Santa Cruz y también existían diferentes alojamientos en Puerto de la Cruz cuando comenzaron sus obras.

La verdadera importancia del Taoro fue otra. Hasta entonces, una parte considerable de la hotelería turística había crecido mediante la adaptación de casas y edificios que originalmente tenían otros usos.

El nuevo establecimiento fue concebido para funcionar como un gran hotel, con espacios y servicios pensados específicamente para una clientela que podía permanecer durante semanas o meses. Sus dimensiones, jardines y ubicación respondían a una idea mucho más ambiciosa del turismo.

Por eso resulta más exacto entender el Taoro como uno de los grandes símbolos del paso hacia la hotelería turística moderna en Tenerife. La isla ya no se conformaba con acondicionar viviendas para recibir extranjeros, sino que comenzaba a levantar grandes infraestructuras destinadas específicamente a ellos.

Cómo era ser turista en Tenerife a finales del siglo XIX

El turismo de aquella época tenía muy poco que ver con el actual. Quien viajaba desde Gran Bretaña hasta Tenerife no solía cruzar el Atlántico para permanecer tres o cuatro días y regresar inmediatamente a casa.

El coste y la duración de los desplazamientos favorecían estancias largas. Muchos visitantes llegaban para pasar varias semanas o incluso meses durante el invierno, especialmente aquellos que buscaban los posibles beneficios del clima sobre su salud.

Eso obligaba a los hoteles a ofrecer algo más que habitaciones. Los huéspedes necesitaban salones, jardines, espacios para pasear, lugares donde conversar y servicios que hicieran cómoda una estancia prolongada.

El Gran Hotel Taoro respondía perfectamente a esa filosofía. Su posición elevada permitía disfrutar de amplias vistas hacia Puerto de la Cruz, el Atlántico y el Valle de La Orotava, mientras que sus jardines y zonas comunes formaban parte de la propia experiencia del alojamiento.

También adquirió una importante función social. La documentación conservada por TEA muestra cómo el hotel se convirtió en un lugar de encuentro entre los visitantes extranjeros y la burguesía isleña, de modo que su influencia fue más allá de la simple actividad hotelera.

Aquel turismo era todavía minoritario y elitista. Viajar a Canarias desde el norte de Europa requería dinero, tiempo y una capacidad económica que estaba al alcance de muy pocas personas, por lo que el turismo de masas todavía quedaba muy lejos.

Los comienzos tampoco fueron fáciles Mirando Tenerife desde el presente puede parecer que el éxito turístico era inevitable, pero las primeras empresas del sector tuvieron que enfrentarse a numerosos problemas. La existencia de buenos hoteles no garantizaba por sí sola que llegaran suficientes viajeros para mantenerlos.

Nicolás González Lemus y Pedro G. Miranda Bejarano explican que las conexiones marítimas seguían siendo limitadas y que muchas navieras utilizaban Canarias simplemente como escala en sus rutas hacia otros destinos. Había pocas líneas cuyo destino final fueran realmente las islas.

Las compañías marítimas transportaban pasajeros, pero normalmente no organizaban su estancia una vez que llegaban a Tenerife. Tampoco existían los grandes operadores turísticos que décadas después serían capaces de combinar transporte, alojamiento y otros servicios dentro de un mismo viaje.

El número de visitantes era además demasiado pequeño para garantizar la rentabilidad de los establecimientos más ambiciosos. El Gran Hotel Taoro esperaba recibir unos 2.500 huéspedes por temporada, pero las cifras reales quedaron bastante por debajo de aquellas previsiones.

Según los datos recogidos por González Lemus y Miranda Bejarano, incluso en la temporada 1900-1901, cuando alcanzó uno de sus mejores registros, el Taoro recibió alrededor de 1.200 huéspedes. Para Tenerife era una cantidad importante, aunque seguía siendo insuficiente para asegurar el éxito económico de proyectos hoteleros de semejante tamaño.

El turismo había comenzado a formar parte de la economía insular, pero todavía tardaría décadas en convertirse en uno de sus grandes motores. Aquella primera etapa estuvo marcada tanto por las expectativas de crecimiento como por las dificultades para hacer rentables los establecimientos creados para una demanda que aún era reducida.

Del turismo de salud al viaje por placer

También fue cambiando el motivo por el que los viajeros llegaban a Tenerife. Durante las primeras décadas, la salud había sido uno de los grandes argumentos utilizados para atraer visitantes.

Médicos y publicaciones europeas recomendaban los climas templados y muchos extranjeros buscaban pasar el invierno lejos de las bajas temperaturas de Gran Bretaña y del norte de Europa. La Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia considera que la relación entre turismo y salud fue decisiva en esta primera etapa del turismo canario.

Pero poco a poco comenzaron a llegar personas que no estaban enfermas. Querían conocer Tenerife, contemplar el Teide, recorrer los paisajes del Valle de La Orotava o simplemente disfrutar durante una temporada de un clima más agradable.

La documentación histórica de TEA sobre el Gran Hotel Taoro refleja precisamente esa transición. El establecimiento se convirtió en reclamo tanto para quienes viajaban por razones de salud como para aquellos que comenzaban a hacerlo simplemente por placer, una evolución en la que ya podemos reconocer algunos de los rasgos del turista moderno.

Puerto de la Cruz, primera gran localidad turística de Tenerife

Actualmente es difícil hablar del turismo tinerfeño sin pensar en Costa Adeje, Playa de las Américas, Los Cristianos y el enorme desarrollo hotelero del sur de la isla. El mapa turístico de Tenerife a finales del siglo XIX, sin embargo, era completamente diferente.

El gran protagonista estaba en el norte. Puerto de la Cruz reunía varias características que resultaban especialmente atractivas para aquellos primeros viajeros: temperaturas suaves, vegetación abundante, proximidad al Valle de La Orotava, vistas hacia el Teide y una relación histórica con comerciantes y residentes británicos.

La Fundación Canaria Orotava de Historia de la Ciencia define Puerto de la Cruz como el lugar por excelencia del primer turismo canario. La aparición de establecimientos de mayor calidad a partir de la década de 1870 y la creación de la Compañía de Hoteles y Sanatorium muestran hasta qué punto la localidad se convirtió en uno de los grandes centros de aquella actividad.

El desplazamiento del gran desarrollo turístico hacia el sur de Tenerife llegaría mucho después y obedecería a circunstancias diferentes. La aviación comercial, las nuevas infraestructuras, la búsqueda de sol y playa y la aparición del turismo organizado terminarían transformando por completo el mapa turístico de la isla, una etapa que merece ser contada por separado.

Una cronología para entender cómo nació el turismo en Tenerife

Mirando las fechas principales resulta más fácil comprender el proceso. En 1841 ya estaba documentado el Hotel Inglés de Santa Cruz de Tenerife y en 1862 abrió el Hotel de La Marina, mientras que en 1864 encontramos establecimientos en el Valle de La Orotava destinados específicamente a extranjeros que llegaban por motivos de salud.

En 1876 comenzó a funcionar el Turnbull’s Hotel en Puerto de la Cruz y durante la década siguiente aumentó progresivamente la oferta de alojamientos orientados a los visitantes extranjeros. El gran salto llegó en 1886 con la creación de la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava y la apertura del Orotava Grand Hotel.

En 1888 comenzaron las obras del Gran Hotel Taoro y su pabellón central fue inaugurado en diciembre de 1890. Las alas laterales se completaron en 1893, culminando uno de los proyectos hoteleros más ambiciosos que se habían desarrollado hasta entonces en Canarias.

En apenas medio siglo, Tenerife había pasado de contar con algunos establecimientos destinados a alojar a los viajeros que llegaban principalmente por el puerto de Santa Cruz a disponer de empresas creadas expresamente alrededor del turismo y de grandes hoteles destinados a una clientela internacional. Ese cambio explica mejor que una fecha concreta cómo fue naciendo la actividad turística moderna en la isla.

Del Hotel Inglés al Gran Hotel Taoro

No hubo, por tanto, un único establecimiento que pueda considerarse el lugar donde empezó todo. El Hotel Inglés representa una primera etapa en la que Santa Cruz necesitaba alojamientos para recibir a los viajeros que llegaban por mar, mientras que el Hotel de La Marina demuestra cómo esa oferta fue aumentando durante la segunda mitad del siglo XIX.

Los establecimientos del Valle de La Orotava destinados a visitantes enfermos muestran el nacimiento de una demanda directamente relacionada con el clima. Turnbull’s Hotel refleja la creciente importancia del viajero británico y las casas convertidas en hoteles, como la que terminaría siendo el Hotel Marquesa, permiten comprender cómo Puerto de la Cruz fue adaptándose a esa nueva actividad.

La creación de la Compañía de Hoteles y Sanatorium en 1886 supone un cambio todavía mayor porque el turismo empieza a organizarse como negocio. El Gran Hotel Taoro representa el paso siguiente: Tenerife ya no se limitaba a recibir viajeros y adaptar edificios para alojarlos, sino que comenzaba a construir grandes establecimientos específicamente pensados para atraerlos.

El Gran Hotel Taoro y una historia que continúa

La historia del Taoro no terminó con aquella primera etapa del turismo tinerfeño. El edificio atravesó diferentes periodos, propietarios y usos a lo largo del siglo XX, mientras el modelo turístico de Tenerife cambiaba profundamente y el sur de la isla adquiría un protagonismo que nadie habría imaginado en 1890.

Su importancia histórica, sin embargo, permanece ligada a aquellos primeros años. El Taoro permite ver físicamente el momento en que Tenerife comenzó a pensar el turismo a una escala diferente y a construir infraestructuras destinadas específicamente a competir por los viajeros europeos.

Desde el Hotel Inglés documentado en Santa Cruz en 1841 hasta la finalización del Gran Hotel Taoro en 1893 transcurrió poco más de medio siglo. En ese periodo cambiaron las comunicaciones, mejoraron los alojamientos, aparecieron empresas turísticas y Puerto de la Cruz se consolidó como el principal foco de visitantes extranjeros de la isla.

La escala del turismo actual no tiene nada que ver con aquellos primeros años. Los cientos de viajeros extranjeros de finales del XIX terminarían convirtiéndose, muchas décadas después, en un flujo de visitantes de dimensiones completamente diferentes.

Sin embargo, algunas de las razones por las que aquellos viajeros escogían Tenerife siguen resultando familiares. El clima continúa siendo uno de los grandes atractivos de la isla, mientras que el Teide y el Valle de La Orotava siguen formando parte de los lugares que buscan muchos de quienes llegan por primera vez.

Conocer la historia del turismo en Tenerife permite entender que todo esto no comenzó con los vuelos chárter ni con los grandes complejos hoteleros junto a las playas del sur. Sus raíces están en los barcos que llegaban a Santa Cruz, en los viajeros británicos que buscaban el clima del Valle de La Orotava, en las antiguas casas convertidas en alojamientos y en los empresarios que comprendieron que recibir visitantes podía convertirse en una nueva actividad económica.

El turismo que hoy conocemos es completamente diferente al de aquellos años, pero su origen nos lleva inevitablemente al Tenerife del siglo XIX. Fue entonces cuando la llegada de unos pocos viajeros empezó a generar hoteles, empresas y servicios creados específicamente para ellos y cuando la isla comenzó a descubrir una actividad que acabaría transformándola profundamente.

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