
Las tradiciones populares siempre nos han acompañado. Son parte de nuestros recuerdos y vivencias, unas ligadas a reuniones familiares, otras a comidas o músicas, otras a historias contadas por nuestros abuelos con esa intensa sensación de cariño escuchar sus voces. El día “de los Muertos”, como se conoce en muchas partes de la Península, nos ha servido siempre para recordar a quienes ya no están, a quienes un día se fueron dejándonos una profunda huella dentro del corazón.
En Canarias esa tradición popular existe también, la celebración del Día de los Finaos, o de los finados, si queremos ponernos más finos, una noche cargada de sentimiento, de cariño y por qué no, de alegría. La de recordar a familiares y amigos que ya no están con nosotros, pero haciéndolo en reunión, compartiendo y manteniendo vivas nuestras raíces.
Hoy día, estas fiestas se han americanizado. Halloween. Curiosamente una fiesta de orgen pagano basado en el Samhain, una tradición gaélica que se celebraba cada 1 de noviembre coincidiendo con el fin de las cosechas. Calabazas, disfraces a cual más terrorífico y decoraciones propias de fantasmas y muertos, llenan las calles de Tenerife. Y sin embargo, aun cuando eso es lo más celebrado, aún se mantiene ese tradición de los Finaos, donde nuestras ráices nos llaman a degustar castañas asadas y frutos secos y compartir historias y anécdotas de nuestros antepasados difuntos.
El Día de los Finaos, los Finados, son parte de la historia de Canarias, una forma de entender nuestro pasado, y traerlo al presente, una forma de mantener viva la memoria del tiempo, una tradición que nos ayuda a recordarnos que una buena forma de mantener vivas a las personas, aunque ya no estén, es a través de justo eso: los recuerdos que guardamos en nuestra memoria, y los sentimientos que anidamos en nuestros corazones.
¿Qué son los Finaos y por qué se celebran en Canarias?
La palabra finaos procede de finados, una expresión que tradicionalmente se ha utilizado para referirse a las personas fallecidas. En Canarias, especialmente en el habla popular de generaciones anteriores, era habitual escuchar que alguien había «finao», una manera sencilla de decir que había muerto.
La celebración de los Finaos está vinculada al Día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y al Día de los Fieles Difuntos, el 2 de noviembre. Sin embargo, la costumbre popular se desarrollaba principalmente durante la noche del 31 de octubre, cuando las familias se reunían para recordar a sus seres queridos.
No pensemos que es una celebración triste. Es cierto que sale la nostalgia que llevamos dentro, pero en realidad es un motivo de reunión familiar, de conversar, de contar anécdotas y de reir, porque al fin y al cabo, lo que guardamos en la memoria de los finaos, los que ya no están, son aquellos momentos buenos que pudimos vivir con ellos.
Los niños eran los principales receptores de esas historias, quienes oían de sus allegados las historias de sus abuelos, sus bisabuelos, o tios con los que nunca habían podido convivir. Se recordaban sus nombres, las costumbres y las cosas que hacían y que los definían. Como tradición generacional, el Día de los Finaos, era, y es, una forma de mantener unida a la familia.
Y, como no podía ser de otra forma en Canarias, en torno a esos recuerdos aparecía otro elemento que era imprescindible: la comida. Castañas, nueces, almendras, higos secos y otros productos de temporada se compartían durante la velada, acompañados en ocasiones de vino, mistela o algún licor casero entre los adultos.

El origen de los Finaos: una tradición con siglos de historia
Para comprender el origen de los Finaos tenemos que mirar hacia atrás, a una época en la que la vida en Canarias estaba mucho más vinculada al campo, a las estaciones del año y a las creencias religiosas.
Diferentes costumbres dieron forma al Día de los Finaos. Por un lado la celebración cristiana del Día de Todos los Santos, el 1 de noviembre, y de los Fieles Difuntos, el día 2. Ambas celebraciones estaban muy arraigadas en la Península, y con la conquista de las islas, se incorporaron al archipiélago dentro de las creencias religiosas que quisieron importar. En esas prácticas religiosas, incluso hoy día, se celebran misas de ánimas y oraciones por los fallecidos. Se siguen visitando los cementerios en esos días, para llevarles flores y aunque sea un breve tiempo, estar “con ellos”.
Su adaptación a las islas se desarrolló al mismo tiempo que otras costumbres populares mucho más avenidas a la idiosincracia canaria. Aquí, la ligazón con el campo era importante, y el otoño es una de las temporadas más importantes pues es cuando se recogen los últimos frutos del campo antes de que bajen definitivamente las temperaturas. Por eso hoy día tienen una presencia tan importante las castañas, almendras y frutos secos. En este aspecto, el del fin de las cosechas, esta tradición del Día de los Finaos, podría tener cierto paralelismo con el antiguo Samhein gaélico.
Cómo se celebraban antiguamente los Finaos en Tenerife
La imagen que podemos tener de las fiestas del día de los Finaos en Tenerife hace 100 años sería totalmente diferente a la actual, en que lo normal es ver las calles llenas de gente disfrazadas y de escaparates y negocios decorados de forma terrorífica. Halloween se va “comiendo” poco a poco esa tradición de reuniones familiares, aun cuando diferentes municipios continúan con sus celebraciones, adaptándola, eso sí, a los tiempos actuales. Adaptarse o morir, esa es la cuestión.
No habría disfraces de monstruos ni escaparates llenos de telarañas artificiales. La celebración transcurriría principalmente dentro de las casas, alrededor de una mesa o en la cocina, donde se reunían varias generaciones de una misma familia. Los mayores ocupaban un lugar especial en aquellas veladas. Eran quienes conservaban los recuerdos, quienes conocían las historias familiares y quienes podían hablar de personas que ya habían desaparecido muchos años atrás.
A veces se rezaba por los difuntos. Otras veces simplemente se hablaba de ellos. Se recordaban sus trabajos, sus dificultades, sus ocurrencias y sus maneras de ser. Y entre una historia y otra se compartían los productos de la temporada.
Las castañas se asaban sobre el fuego, mientras las nueces, las almendras o los higos secos pasaban de mano en mano. En algunas casas también se preparaban otros alimentos y, cuando la reunión se prolongaba, no era extraño que aparecieran una guitarra, un timple o alguna canción conocida por todos.
Me gusta pensar que aquellas noches tenían algo que hoy echamos bastante de menos: tiempo para escucharse. Tiempo para sentarse sin prisas y dejar que los mayores hablaran.
Las castañas, protagonistas de la noche
La castaña ocupa un lugar especial dentro de la celebración de los Finaos y, particularmente, en las zonas de medianías de Tenerife, donde su cultivo ha tenido una presencia histórica importante. En municipios como La Orotava, La Victoria de Acentejo, El Sauzal o Tacoronte, los castañeros forman parte del paisaje agrícola tradicional.
A finales de octubre y durante noviembre llega la temporada de recogida, por lo que no resulta extraño que las castañas se convirtieran en uno de los alimentos más representativos de estas fechas.
Para una gran mayoría, el olor de las castañas asadas nos acompañará toda la vida. Es un olor que va asociado a los recuerdos de la infancia, a la familia, a los amigos, a compartir y reir. Aún hoy, por suerte, ese olor nos sigue acompañando, a nosotros y a las nuevas generaciones, y es curioso que esa sea una de las principales bazas para mantener esta tradición de los finaos, viva en las generaciones venideras. Porque a fin de cuenta, nosotros no hicimos sino repetir los mismos gestos que ya hicieron nuestros antepasados, como lo seguirán haciendo ellos, nuestros descendientes cuando seamos nosotros los que ya no estemos.

El Pan por Dios y los Santitos: cuando los niños recorrían las casas
Una de las costumbres más curiosas relacionadas con estas fechas, especialmente en algunos pueblos del norte de Tenerife, es la conocida como Pan por Dios o Los Santitos, la forma canaria de vivir el famoso «truco o trato» de Halloween que se ha popularizado entre los niños canarios desgraciadamente, exportándolo del exterior.
Por aquel entonces, llevaban una talega o una bolsa y, al llamar a las puertas, utilizaban expresiones como «¿Hay santitos?» o pedían el Pan por Dios. Los vecinos les entregaban castañas, nueces, almendras, higos secos y otros productos que tuvieran disponibles.
Era una costumbre sencilla, propia de comunidades donde prácticamente todos se conocían y donde compartir lo poco o mucho que se tenía formaba parte de la convivencia, y que hoy día se ha cambiado por el “truco o trato” y por las chucherías.
En localidades del norte, como San Juan de la Rambla, se han impulsado iniciativas para recuperar estas prácticas y acercarlas a las nuevas generaciones. Resulta curioso pensar que muchos niños conocen perfectamente cómo pedir caramelos durante Halloween, pero quizá nunca han escuchado hablar de los Santitos.
Los Finaos y Halloween: dos maneras de vivir una misma noche
Es inevitable hablar de los Finaos sin mencionar Halloween. Ambas celebraciones coinciden en el calendario y están relacionadas, de diferentes maneras, con la muerte y el mundo de los difuntos. Sin embargo, sus formas de celebrarse son bastante distintas.
Halloween, tal y como lo conocemos actualmente, se ha convertido en una fiesta donde predominan los disfraces, las decoraciones terroríficas, las fiestas temáticas y las actividades infantiles.
Los Finaos, en cambio, tienen un carácter más familiar y sentimental. Su principal finalidad no es provocar miedo, sino recordar a quienes ya no están.
Eso no significa que una tradición tenga que excluir a la otra. De hecho, en Tenerife encontramos municipios que organizan actividades de ambas celebraciones durante los últimos días de octubre.
Personalmente, creo que lo importante es que Halloween no termine ocupando todo el espacio y haciendo desaparecer una costumbre que forma parte de la identidad canaria.
Podemos disfrutar de una fiesta de disfraces y, al mismo tiempo, enseñar a nuestros hijos qué eran los Finaos, por qué nuestros abuelos asaban castañas aquella noche o qué significaba salir a pedir los Santitos.
Conservar una tradición no significa vivir anclados en el pasado. Significa saber de dónde venimos.
Dónde celebrar los Finaos en Tenerife en 2026: fiestas y actividades por municipios
Durante los últimos años, distintos ayuntamientos de Tenerife han recuperado las celebraciones de los Finaos mediante rutas históricas, representaciones teatrales, castañadas populares, encuentros musicales y actividades dedicadas a las costumbres canarias. Para este 2026 ya se han anunciado varias propuestas que permitirán conocer mejor esta tradición y disfrutar de ella en diferentes localidades de la isla.
La Orotava: historia, teatro y memoria: del 22 al 31 de octubre.
La Orotava celebra su sexta edición de Finados con conferencias, visitas al cementerio municipal y representaciones de Don Juan Tenorio el 29 de octubre, a las 19:00 y 20:30 horas, en los Jardines del Marquesado de la Quinta.
Los días 30 y 31, a las 18:30 horas, se realizará la ruta «La Orotava en hueso y alma».
Las actividades son gratuitas, aunque las rutas requieren inscripción previa en turismo@villadelaorotava.org.
Santa Cruz de Tenerife: teatro y tradiciones: del 10 de octubre al 21 de noviembre.
En Santa Cruz de Tenerife, el programa municipal incluye la exposición «Enlutados», sobre la indumentaria tradicional de luto, en la Sala de Arte Los Lavaderos hasta el 31 de octubre.
En ese mismo espacio se representará «Una historia de brujería canaria» los días 30 y 31, a las 20:00 horas. También habrá funciones en diferentes barrios durante noviembre.
Las representaciones son gratuitas hasta completar aforo.
La Laguna: los Santitos y el recuerdo de los difuntos: del 29 de octubre al 6 de noviembre.
La Laguna combina las tradiciones canarias con el Día de Muertos mexicano. Habrá visitas guiadas al Cuadro de Ánimas y al altar conmemorativo los días 29 y 30 de octubre, a las 16:00 y 16:30 horas.
El 1 de noviembre, a las 10:30 horas, se podrá escuchar el toque de difuntos en la iglesia de la Concepción.
A las 11:00 se celebrará una ruta infantil dedicada a «¿Hay Santitos?» y «Pan por Dios».
Las visitas y la ruta requieren reserva en info@fundacionmexicocanarias.com.
Güímar: una víspera de Finados con castañas: Viernes 30 de octubre.
La plaza de San Pedro acogerá, desde las 20:30 horas, la ruta teatralizada «Lucía y la mano del finado», inspirada en hechos reales.
A las 21:00 horas está previsto el concierto de Soul Sanet, acompañado de una castañada popular.
Una buena ocasión para disfrutar de la tradición en un ambiente de encuentro vecinal.
La Guancha: leyendas y Pan por Dios: del 30 de octubre al 2 de noviembre.
El viernes 30, a las 20:00 horas, habrá una conferencia sobre brujas, miedos y aparecidos.
El sábado 31, a las 18:00 horas, se realizará una ruta de leyendas desde el exterior del cementerio del Natero, además de un acto conmemorativo por sus 150 años.
El domingo 1 de noviembre se recuperará la tradición de «Pan por Dios» en Santa Catalina, Santo Domingo y La Guancha casco.
Arona: música, relatos y cultura popular: del 27 de octubre al 6 de noviembre.
En el Centro Cultural de Valle San Lorenzo se podrá visitar la exposición «Finados». El 28 de octubre, a las 20:00 horas, actuará Menesteres.
El día 29 habrá un cuentacuentos familiar, «Cazafantasmas», a las 18:00 horas en el Centro Cultural de Las Galletas, y el espectáculo «Ánimas», de la Compañía Pieles, a las 19:00 horas en Casa La Bodega.
Arafo: noche solidaria de Finaos: Sábado 31 de octubre, a las 20:00 horas.
La plaza de San Juan Degollado acogerá una noche de Finaos con castañas asadas, vinos locales y parrandas.
La participación anunciada es de 6 euros por persona, destinados a la asociación Animalistas de Arafo. Se indica reserva de mesas hasta el 30 de octubre en el Ayuntamiento.
San Miguel de Abona: teatro y música: sábado 31 de octubre.
El Casino de San Miguel acogerá «Lumbre», una propuesta teatral y musical ambientada en la noche de Finados que recorre la historia de una familia a lo largo de tres décadas.
Participan Distrito Teatro y la Asociación Cultural Guargazal. La entrada está anunciada como gratuita hasta completar aforo.
Una tradición que merece la pena transmitir a los más pequeños
Uno de los aspectos que más me gustan de la recuperación de los Finaos es que permite acercar a los niños a una parte de nuestra cultura que, de otra manera, podría terminar desapareciendo.
No siempre resulta sencillo hablar con los más pequeños sobre la muerte. Es un tema que, incluso entre adultos, muchas veces preferimos evitar. Sin embargo, nuestros antepasados encontraron una manera bastante natural de hacerlo: recordando a quienes habían fallecido a través de sus historias.
Los niños escuchaban hablar de sus bisabuelos, de familiares que nunca llegaron a conocer o de vecinos que habían dejado una huella especial en el pueblo. Aprendían que la muerte forma parte de la vida y que recordar a alguien no tiene por qué ser únicamente motivo de tristeza.
Hoy podemos recuperar ese espíritu de una manera sencilla. No hace falta organizar una gran celebración ni reproducir exactamente las costumbres de hace un siglo. Lo bonito de los Finaos es la sencillez de esta celebración
Podemos preparar unas castañas en casa, reunirnos con la familia, sacar fotografías antiguas y contar a nuestros hijos quiénes eran las personas que aparecen en ellas. Recordar a nuesros padres, a nuestros abuelos y a los amigos que ya no están, y no sentir pena sino alegría por ellos. Podemos explicarles por qué llevamos flores al cementerio o por qué algunas familias conservan determinados objetos que pertenecieron a sus mayores.
Y, sobre todo, podemos enseñarles que detrás de cada nombre hay una historia que merece ser recordada. Y ahí está, para mí, el verdadero valor de los Finaos.
No se trata de mirar al pasado con tristeza ni de pensar que todo tiempo anterior fue mejor. Se trata de conservar aquello que nos ayuda a comprender quiénes somos y de reconocer el valor de las personas que estuvieron antes que nosotros.
Halloween seguirá llenando las calles de disfraces, calabazas y fiestas, y no hay nada malo en disfrutarlo. Pero sería bonito que, entre tanta celebración, encontráramos también un momento para nuestras propias costumbres. Que nuestros hijos sepan qué eran los Finaos. Que conozcan el significado del Pan por Dios. Que alguna vez participen en una castañada popular y escuchen las historias que cuentan los mayores.
Porque las tradiciones no desaparecen de golpe. Se van perdiendo poco a poco, cada vez que dejamos de practicarlas, de contarlas o de compartirlas.
Y los Finaos nos recuerdan algo que merece la pena conservar: las personas que quisimos siguen formando parte de nuestra historia mientras mantengamos vivo su recuerdo.
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