Pescados, mariscos y menceyes en Candelaria

Basilica de Candelaria

Tanto si el viajero ha llegado a la isla por el aeropuerto del sur, como si lo ha hecho por el de Los Rodeos o por barco, a través de los puertos de Santa Cruz o Los Cristianos, no es mala idea dar un paseo por Candelaria, a tan sólo 17 kilómetros de la capital tinerfeña, para iniciar luego un recorrido por el área de Santa Cruz y La Laguna, con una parada intermedia, si requiere, de playa y monte.

Además de visitar a la patrona de Canarias, de la que la villa toma su nombre, lo propio del municipio tinerfeño de Candelaria es disfrutar de la vista que ofrece su playa de arena negra y olas bravas desde una de las terrazas que dan a la gran plaza, a la que se asoman no sólo la fachada de la basílica, sino también las figuras talladas en bronce de los menceyes guanches, antiguos reyes de la isla.

Cuenta la leyenda que fue aquí donde la Virgen de Candelaria se apareció a los guanches, iniciándose así la conversión al cristianismo de los originarios habitantes de Nivaria. También se conoce al municipio como la Villa Mariana. Aunque el día de la Virgen de Candelaria es el 2 de febrero, es el 15 de agosto cuando se celebra una gran noche fiesta.

En Candelaria también es recomendable saborear los camarones al borde de su plaza, así como pasear por sus calles, en las que la abundancia de restaurantes en los que se sirve pescado y marisco fresco es otro de sus encantos. Hay que tomar precauciones antes de tomar un baño en la playa de la Arena, ya que su oleaje la hace peligrosa.

Más aconsejable es bañarse en la playa del Charquito, junto al muelle pesquero. También la playa de las Arenitas, en el barrio de Las Caletillas, invita a la prudencia. En los altos del municipio se sitúan el resto de los barrios: Igueste, Araya, Barranco Hondo, las Cuevecitas y Malpaís.

Foto vía: Mataparda

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