La batalla de Santa Cruz de Tenerife, de 1797

Batalla de Santa Cruz de Tenerife

Soberbia, orgullo, intransigencia o simplemente ignorancia. Cualquiera de estos calificativos valdría para aplícarsele al Almirante Nelson cuando pretendió conquistar la isla de Tenerife y por ende, todo el archipiélago canario, en aquella batalla de Santa Cruz de Tenerife.

Corría el año 1797, en el mes de julio, cuando 4 navíos (el Theseus, el Culloden, el Sealous y el Leander), 4 fragatas (la Emerald, la Seahorse, la Terpsichore y la Gox), y 1 bombardera (la FOX) que habían capturado a los españoles, se aprestaron frente a las costas de Santa Cruz, la capital tinerfeña.

En total, casi 3.600 soldados británicos que contaban con la fuerza de disparo de casi 400 cañones, y al frente de todos ellos, el más laureado y famoso almirante inglés, Nelson, recién condecorado y ascendido, y gran héroe nacional.

Sin embargo, en primer lugar la soberbia de pensar que la isla tinerfeña sería un objetivo fácíl, el desconocimiento de la difícil orografía isleña que la convertían, probablemente, en la más difícil isla canaria para invadir por mar, y la ignorancia incluso de pasar por alto que precisamente Santa Cruz contaba por aquel entonces con hasta 90 piezas de artillería apostadas frente al mar.

Por último, el orgullo de creerse tan superior e invencible como para ni siquiera escuchar las sugerencias de sus segundos al mando cuando la batalla comenzó a cambiar de signo, hizo que aquel ataque inglés acabara en un auténtico desastre para la marina británica.

Ataques precedentes británicos contra Tenerife

No era ni mucho menos el primero de los ataques ingleses a las costas tinerfeñas. Ya antes, a mediados del siglo XVII, en 1657, había sido Robert Blake el que asedió la plaza. Años después, en 1706, sería el almirante Jennings quien hubo de afrontar la dura defensa de las baterías tinerfeñas y marcharse derrotado, y aún así, Horacio Nelson, el más famoso de los marinos ingleses, desoyó los avisos para, resguardado en su propia fama y en su ego, intentar nuevamente la conquista de las islas.

Tres derrotas inglesas. Tres victorias tinerfeñas. Tres cabezas de león que hoy día, en su honor, se muestran orgullosas en el escudo de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife.

Las defensas de la ciudad

Santa Cruz contaba, entre otros, con dos buenos frentes que protegían a la ciudad de cualquier asalto. Por un lado, la hoy desaparecida batería de San Francisco, a la entrada del puerto.

Batería de San Francisco
Batería de San Francisco – recreación

Esta batería era conocida inicialmente como la batería de Nuestra Señora de la Regla, pues se encuentra cerca de su ermita. Era una fortaleza que originalmente defendía la entrada a la antigua playa de los Negros y contaba con una muralla que iba desde Barranco Hondo hasta el castillo de Paso Alto. Contaba con dos cañones de 16 libras, dos cañones de 12 libras y un mortero.

Por su parte, el castillo de San Cristóbal, otro de los baluartes de la ciudad en la defensa en aquella batalla de Santa Cruz de 1797, había sido construido en el año 1575 y estaba emplazado en la caleta de Blas Díaz, lo que hoy día es la plaza de España. Era una imponente fortaleza de planta cuadrada con cuatro baluartes en cada una de las esquinas.

Fue precisamente en la noche del día 24 de julio de 1797 cuando por uno de los laterales se abrió una tronera para defender la playa lateral, colocándose allí un cañón que pasaría a la historia de la isla como «el libertador de Tenerife», el «Tigre» que actualmente podemos admirar en el Museo del Castillo de San Cristóbal que está bajo la plaza de España.

Cañón del Tigre
Cañon del Tigre, expuesto en el Museo del castillo de San Cristóbal

Desgraciadamente, este castillo sería derruido en el año 1928 para permitir el crecimiento urbanístico de la ciudad.

Comienza la batalla de Santa Cruz de Tenerife

Nelson pretendía desembarcar en la madrugada del 22 de julio en la playa de Valle Seco con la idea de rodear los fuertes, situarse en Paso Alto y capturar los fuertes de la parte noroeste de la ciudad. Sin embargo, la Naturaleza se alió con la defensa canaria y los fuertes vientos reinantes retrasaron el desembarco de las tres fragatas, la Seahorse, la Terpshicore y la Emerald.

Finalmente hubieron de desembarcar en la playa del Botadero desde donde alcanzar Paso Alto era imposible. El retraso supuso, además, la pérdida de la ventaja del factor sorpresa, dando tiempo a los tinerfeños a preparar las defensas.

Una vez más, el orgullo de Nelson desoyó los consejos de sus oficiales que le pidieron suspender el ataque, y cuando decidieron continuar, además de las guarniciones militares, se había unido parte de la población local que había acudido en defensa de su ciudad. Aquel primer ataque inglés supuso la muerte de decenas de soldados ingleses.

Aún así, aquel día todavía Nelson fue capaz de escribirle a su superior que «pese a mi modestia, mandaré todas las fuerzas, dispuestas a desembarcar bajo las baterías de la ciudad, y mañana mi cabeza se verá probablemente coronada de cipreses o de laureles«.

El segundo ataque de Nelson fue un caos para las fuerzas británicas. El almirante pretendió atacar directamente el fuerte de San Cristóbal y el muelle. Casi 700 hombres se lanzaron al abordaje de la isla, y entre ellos sus principales capitanes. Cuando pasada la medianoche, el asalto fue descubierto, todas las campanas de Santa Cruz tocaron a arrebato.

Todos los cañones costeros dispararon a la vez, y entre ellos, el famoso «Tigre», al que se responsabiliza del hundimiento del bombardero Fox con más de 100 hombres a bordo. También cuenta la leyenda que fue este cañón el que hirió gravemente al propio Nelson en el codo, lo que le haría perder el brazo. También Bowen, su principal apoyo militar, fallecería en el asalto.

En aquella batalla de Santa Cru de Tenerife, de los 700 ingleses que pretendieron desembarcar en la isla, según los registros, solo 340 tocaron tierra y de ellos, los pocos que quedaron con vida, refugiados en la iglesia de Santo Domingo, hubieron de rendirse.

En total, 233 muertos por la parte inglesa, más 110 heridos. 24 muertos y 35 heridos, por la española.

Pero Tenerife siguió manteniéndose canaria, y con ella, las islas Canarias, siguieron siendo españolas.

Algunas curiosidades y consecuencias de la batalla de Santa Cruz de 1797

Desde entonces, Santa Cruz fue considerada como «villa exenta» en documento otorgado por el rey Carlos IV mediante el cual pudo emanciparse administrativamente del municipio de La Laguna, lo que permitió su crecimiento político y más tarde sede de la Diputación Provincial de Canarias, equiparándola a La Laguna y a Las Palmas de Gran Canaria.

Gracias a sus tres victorias sobre los ingleses, la muy noble, leal e invicta Santa Cruz pasó a contar con tres cabezas de león en su escudo, representativos de las tres victorias mencionadas.

Escudo de Santa Cruz de Tenerife

Para saber más sobre la historia de la ciudad

Resumen histórico de Santa Cruz de Tenerife.

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