Añaterve, mencey de Güimar

Añaterve, mencey de Guimar

Si habéis paseado por Candelaria habréis visto en la plaza principal las imponentes figuras de los menceyes guanches que un día rigieran los destinos de la isla de Tenerife. Uno de ellos era Añaterve, al que veréis en su simbólica figura, sosteniendo un cayado sobre el que se han posado dos palomas.

¿Son estas palomas símbolo de lo que representó Añaterve en la historia de la conquista de Tenerife por los castellanos?

Pero vayamos por pasos. Porque la Historia, como todas las historias, comienzan por el principio…

Los Guanches y la Conquista de Tenerife

Antes de la llegada de los conquistadores castellanos, las Islas Canarias estaban habitadas por los guanches, un pueblo indígena que desarrolló una cultura única y personal con sus propias costumbres y religión. Los guanches eran conocidos por su habilidad en la agricultura, la ganadería y la alfarería, así como por sus creencias religiosas y prácticas funerarias peculiares.

Tenerife, la isla más grande del archipiélago, estaba dividida en nueve menceyatos, cada uno gobernado por un mencey, un líder tribal. Añaterve emergió como uno de los menceyes más destacados de su tiempo y fue el gobernante del menceyato de Güímar, en el sureste de Tenerife.

La conquista de Tenerife comenzó en 1494, cuando el conquistador Alonso Fernández de Lugo desembarcó en la isla con un ejército español.

Eran tiempos de conquistas, de abrir nuevas rutas, de grandes imperios que buscaban las riquezas de nuevas tierras y la expansión de su comercio. Y en aquellos tiempos, la Corona de España y la de Portugal, se disputaban el Atlántico, por un lado, y por otro, las rutas africanas que permitirían la vuelta por el Cabo de Buena Esperanza camino al Oriente.

Las Islas Canarias, las desconocidas «tierras de perros» como alguien las denominara una vez, eran un enclave esencial, geográficamente perfecto para nuevas conquistas, pero sobre todo, era la ambición de un líder ansioso por tener nuevas posesiones y por la gloria ante la Corona, Alonso Fernández de Lugo, quien volvería a la isla de Tenerife para triunfar donde otros, años antes, habían fracasado.

¿Quién era Añaterve?

Añaterve era el Mencey de Güimar cuando los españoles invadieron la isla a finales del siglo XV.

La isla se dividía en nueve menceyatos, uno de los cuales, Güimar, estaba ubicado en el sureste. Ocupaba mucha más extensión de la que hoy día tiene el municipio, de modo que por aquel entonces comprendía a El Rosario, Candelaria, Arafo, Güimar, por supuesto, e incluso una parte de Santa Cruz de Tenerife, y de San Cristóbal de la Laguna.

Limitando con el menceyato de Güimar, estaban el de Abona, más al sur, el de Anaga y Tegueste al norte, y el de Tacoronte y Taoro al oeste.

Desgraciadamente ninguna información hay coétanea de la época, por lo es poca la información sobre la vida personal de los menceyes, salvo la que historiadores posteriores fueron recopilando. De Añaterve, poco conocemos salvo lo ocurrido en el momento de la conquista.

Su padre, según el historiador Juan de Bethencourt relató en su «Historia del pueblo guanche», fue Sortibán quien abdicó en su hijo Añaterve al quedarse ciego. Sortibán, a su vez, era hijo de Dadarmo, apodado «el rey de las Lanzadas», quien a su vez era hijo de Acaymo, el mencey de Güimar que gobernaba cuando la aparición de la Virgen en las costas de Tenerife. Así, según este historiador, Añaterve sería bisnieto del mítico Acaymo y por tanto, tataranieto del gran Tinerfe, el único rey guanche que fue mencey de toda la isla.

Surge en su biografía una última controversia: la de su nombre y su apodo, pues tampoco se sabe con total seguridad si Añaterve era su nombre real, pues se afirma que el nombre se lo inventó otro historiador, Antonio de Viana, en su libro «La conquista de Tenerife». Del mismo modo, su apodo, varía entre «el sabio», «el moreno» (por su piel) o «el bueno».

Añaterve, mencey de Guimar

Añaterve durante la conquista de Tenerife

El radicalismo más patriota podría considerarlo como un traidor, pero lo cierto es que su historia permitió pacificar todo el sureste de la isla, sobre todo cuando según la historia contada por el mencionado Juan de Bethencourt, Añaterve tenía un hermano, Guadameña, que tenía poderes adivinatorios y que predijo la cruenta conquista de la isla.

Además, en su actitud pacificadora habría que tener en cuenta hechos anteriores a la llegada a la isla, en el año 1494 de D. Alonso Fernández de Lugo.

Fue aquí, frente a las costas del menceyato de Güimar, siendo mencey Acaymo, cuando a finales del siglo XIV / principios del XV, se apareció la Virgen de Candelaria. Ello contribuyó a que en la zona se estableciera a mediados del siglo XV una pequeña comunidad cristiana de eremitas formada por tres frailes del que era cabeza visible Fray Alonso de Bolaños.

Añaterve, con la Basílica de Candelaria al fondo

Desde entonces, y a lo largo de los años, se fue estableciendo cierta actitud procristiana apoyada en la labor evangelizadora de estos frailes, que facilitó el acercamiento entre el menceyato de Güimar y los castellanos que llegaron a la isla años después.

La labor evangelizadora de tantos años, las visiones del hermano de Añaterve, la clara enemistad con el mencey de Taoro e incluso la firma en el año 1464 de las «Paces del Bufadero» con la avanzadilla castellana, ratificadas incluso en 1490 con la isla de Gran Canaria, facilitaron el acuerdo que finalmente llevarían a cabo D. Alonso Fernández de Lugo con Añaterve a cambio de la paz en el menceyato.

Centrados en la lucha que habrían de tener con los menceys del norte y oeste de la isla, los castellanos quisieron en primer lugar pacificar todo el sureste de Tenerife garantizándose así el apoyo que necesitarían tanto en hombres como en avituallamiento.

Sería Añaterve el primero de los 9 menceyes en firmar un acuerdo de paz con los castellanos. A aquellos bandos de paz se unirían sucesivamente, los menceyatos de Adeje y Abona, y más tarde los de Daute e Icode, ya al oeste. Pero sería Güimar y Añaterve quien más apoyo daría a las tropas castellanas, participando incluso en la conquista del resto de la isla frente al denominado bando de guerra que formaban los menceys de Taoro, Tacoronte y Anaga.

Castellanización de los guanches

Si bien consiguió la paz para las tierras que estaban bajo su gobierno, la historia no fue muy agradecida con él, no ya porque pasara como el traidor de Tenerife, sino porque al final, engañado por los castellanos, fue llevado a la Península como esclavo, supuestamente, junto a otros menceyes, para así ser presentados antes los Reyes Católicos.

Obligados a cristianizarse, a su regreso, Añaterve fue bautizado, según otro historiador, Vieira y Clavijo, con el nombre de Juan de Candelaria en la iglesia del Apóstol Santiago en el Realejo Alto.

Poco más se sabe de él posteriormente. Solo Antonio de Viana menciona a su hijo, Guetón, quien también fue cristianizado con el nombre de Francisco Bueno, y a un tal Andrés de Güimar, quien tras ser esclavizado por el Adelantado Fernández de Lugo en años posteriores, lucharía el resto de su vida por la libertad de los guanches en la nueva sociedad que se formó en la isla.

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