
El mencey Bentor es uno de los personajes históricos más conocidos y queridos en Tenerife pero, desgraciadamente, su historia está ligada a la pérdida definitiva de la isla a manos de la Corona de Castilla.
La conquista de la isla de Tenerife terminó siendo uno de los episodios más dramáticos en todo el proceso de incorporación de las islas de Canarias a Castilla. Buena parte del archipiélago había sido ya conquistado a lo largo del siglo XV y apenas quedaban ya dos islas rebeldes que además por su orografía eran difícilmente conquistables: La Palma y Tenerife.
Conquistada finalmente La Palma, el objetivo final de Fernández de Lugo, quien comandaba las tropas castellanas, fue la isla de Tenerife donde habitaban los guanches, un pueblo con una identidad cultural, social y espiritual fuerte y muy arrigaida.
Puedes leer aquí sobre la conquista de las Islas Canarias.
Situación de la la isla de Tenerife antes de la conquista
La sociedad guanche estaba bien organizada, con un territorio dividido en menceyatos, al frente del cual siempre se alzaba un mencey. Entre ellos, el más conocido, el máyor defensor de las tradiciones guanches era Bencomo, padre de Bentor, ambos símbolos de la libertad, la dignidad y la independencia de aquel pueblo.
Nueve eran los menceyatos en que se dividía la isla: Taoro, Tegueste, Tacoronte, Anaga, Güímar, Abona, Adeje, Icod y Daute, pero no todos reaccionaron de la misma forma ante la llegada de las tropas castellanas. Aunque Tenerife se dividía en menceyatos, esta reflejaba una estructura bien organizada, y a pesar de las rivalidades y alianzas existentes entre unos y otros, tenían una cosa en común: Su arraigo a sus costumbres y creencias.
Puedes leer aquí sobre los menceyatos en la isla de Tenerife.
Llegado el momento y convocado el correspondiente Tagoror, donde se reunían no solo los más sabios sino también los jefes militares y políticos de cada menceyato, el acuerdo sobre cómo hacer frente a la Corona de Castilla fue complicado, y terminó en el enfrentamiento entre el sur, más propenso a los pactos, y el norte, dispuesto a defender con su vida la isla.
Y ahí surgieron las dos grandes figuras rivales guanches: Añaterve por un lado, mencey de Güimar, y Bencomo, mencey de Taoro, el primero decidido a pactar, consciente de la superioridad militar de los castellanos, y el segundo dispuesto a luchar. Y así, Taoro, junto con la mayoría de los menceyatos del norte, se convirtieron en el principal grupo opositor de Castilla.
Controlado el sur gracias a los pactos, la conquista del resto de la isla no fue nada fácil, y supuso serias derrotas para los castellanos, forzados incluso a marcharse de la isla durante un tiempo. Sin embargo, el poder manejado desde la Península, los fondos monetarios enviados a las tropas cuando peor estaban, acabó por alzarlos en la victoria en diferentes batallas, en una de las cuales perdería la vida Bencomo, el gran líder de Taoro.
Bentor, su hijo, hubo de asumir el mando en el momento más crítico de la historia de los guanches. Su pueblo estaba exhausto, bajo de moral, pero aún así, dispuesto a resistir y morir luchando antes que ser derrotados y llevados como trofeos a las Cortes de Castilla.
La historia de Bentor
Apenas nos han llegado relatos directos de la época ni siquiera retratos de él. Solamente tenemos la imagen que se ha construido a lo largo de los siglos de crónicas posteriores, de la gran responsabilidad que recayó sobre sus hombros, de la dirección que hizo de aquella guerra, y de la capacidad que tenía para seguir manteniendo unido a su pueblo.
De él, de su vida anterior, poco sabemos, salvo que era hijo de Bencomo, y que sus hermanos eran Dacyl, Ruymán, Rosalva, Chachiñama y Tiñate. Que tuvo al menos dos hijos, una de las cuales, la castellanizada Ana Gutiérrez, pudo ser la última de las hijas del último mencey de Taoro, quien se casó con el portugués Martín de Mena y con quien tuvo varios hijos, entre ellos Ana Bentor de Mena y Antón de Mena Benchorhe. No obstante, el apellido Bentor se acabó perdiendo con el paso de los años.
También por textos posteriores a los trágicos sucesos del año 1495, sabemos que Alonso Fernández de Lugo, viendo ya la victoria en ciernes, envío a Fernando de Guanarteme a parlamentar y pedir la rendición de Bentor, y que éste la rechazó.
«…cuando fue el día del desbarato de los guanches, cuando mataron a el rey grande que se llamaba el rey Venitomo de Taoro, el adelantado e capitán (…) mandó ir el dicho guadnarteme a el rey Ventor, hijo del rey Venitomo, a le requerir que se diese e tomase cristiano, e que le faría toda la cortesía que quisiese (…) E que el dicho guadnarteme (…) volvió con respuesta a el real diciendo que el dicho rey Ventor no se quería dar…».
(Trejo y Carvajal – 1526)
Con Bentor estaba exhalando ya su último aliento aquella conquista. A las tropas de Castilla, mejor armadas y con mayor moral tras sus más recientes victorias en la Laguna, se les habían unido los menceyatos del sur. Conocían mejor el terreno, y habían dejado atrás la soberbia que les llevó en los primeros meses a pensar que la conquista sería fácil y rápida.
Taoro se quedó practicamente aislado tras la segunda batalla del Acentejo, apenas le quedaban recursos ni capacidad para enfrentarse con posibilidades de victoria.
Bentor, no obstante, no se rindió. Continuó su lucha, intentó reorganizar a su pueblo y resistir. La dignidad y el honor siempre por delante.
El final no pudo ser más trágico ni al mismo tiempo más simbólico de aquella rebeldía y dignidad. Viéndose ya acorralado, sin opciones de poder continuar la lucha, decidió arrojarse al vacío desde el risco que hoy conocemos como El Lance. Sus ansias de libertad y la coherencia con sus creencias y sus valores lo llevaron a aquella decisión extrema. Libre antes que humillado y con el dolor de ver su tierra en manos ajenas.
La conquista de Tenerife finalizó así. La isla quedó incorporada en aquel año de 1496 a la Corona de Castilla, pero la figura de Bentor se mantuvo firme y digna en la imaginería local. Durante siglos el mencey Bentor, el último de Taoro, ha sido el símbolo de ese espíritu guerrero que aun subyace entre los tinerfeños.
Bentor en el mirador del Lance
La memoria del mencey Bentor se mantiene aún viva después de cinco siglos y medio en el Mirador del Lance, dentro del municipio de Los Realejos. Desde allí domina el valle de la Orotava, su valle, el que intentó defender y para el que entregó su vida.
El mirador del Lance puede ofrecer a los turistas probablemente uno de los paisajes más hermosos de la isla de Tenerife, pero para los locales es un lugar para refrescar la memoria guanche, el lugar más digno de la isla, el que mejor representa la identidad cultural de las raíces tinerfeñas.
Puedes leer aquí sobre el mirador del Lance.

Mencey Bentor en el Mirador del Lance
¿Qué significa el nombre de Bentor?
En los documentos o crónicas posteriores que nos han llegado a Bentor se le conoce también como Ventor o Benteorey. Para algunos historiados, el nombre lo relacionan con su acto final, y podría significar “despeñado” al proceder de la raíz amazige “b-n-t-r” que se traduce como “abanter” y se interpreta como “el hecho de ser derribado”. Otros investigadores, no obstante, lo relacionan con el verbo “ender” que se interpretaría como “el hecho de saltar”.
Bentor no es un mito. Sus historias no son leyendas vacías. Fue real, y le tocó vivir el momento más difícil de la historia de Tenerife. Su resistencia, su dignidad, su honor y rebeldía debería ser inspiración para cualquiera hoy día. Saber elegir las batallas y no rendirse nunca. Luchar siempre por lo que creemos importante, y sobre todo, ser coherente con nuestros propios valores.
Así fue y así vivió Bentor, el último mencey de Taoro.
Para saber más sobre los guanches





