Historias de la peste en Tenerife

Peste en Tenerife - Interior iglesia de San Juan

Corría el año 1582 cuando la peste bubónica apareció por primera vez en Tenerife.

Hacía casi 90 años desde la conquista de la isla por los soldados castellanos, y hasta entonces nunca hubo una plaga similar que con tanta virulencia se expandiera en tan pocos días.

Historias de la peste en Tenerife: Cómo llegó a la isla

Dicen las historias de la peste en Tenerife que había sido nombrado en aquel año corregidor de la isla D. Lázaro Moreno de León, capitán de las tropas castellanas que bien había servido a su rey también como gobernante en Cartagena, Murcia y Ronda, antes de su llegada a las Islas Canarias.

Proveniente de La Palma, de donde también era regidor, D. Lázaro Moreno se presentó en la isla de Tenerife pocos días antes del Corpus Christi con la santa intención de hacer una magnífica procesión en la que era (y es) la fiesta más importante para los católicos.

Hizo traer para ello unos tapices elaborados en Flandes, desde el levante español, que habrían de extenderse en los balcones de su Casa Consistorial al paso del desfile procesional.

Desgraciadamente, aquellos tapices y estandartes venían plagados de huevos de pulgas y piojos infectados con la fatídica bacteria que a tantos miles de personas se había llevado en toda Europa.

Fue San Cristóbal de la Laguna el más afectado de todos los municipios, pues fue allí donde se desplegaron los tapices y donde se celebraría aquella trágica procesión, aunque desde allí se extendió a los municipios colindantes, Santa Cruz, Tacoronte…

La expansión de la peste en Tenerife

En apenas un día la enfermedad se había extendido por toda La Laguna y solo al día siguiente del Corpus Christi ya se empezaron a registrar los primeros muertos. A lo largo de todo aquel año 1582 dicen las crónicas, que de una población de 20.000 habitantes, entre 5.000 y 9.000 personas murieron.

Los cadáveres se amontonaban, y mediante un bando se mandó excavar enormes fosas comunes donde serían enterrados, tomándose las medidas oportunas que por aquel entonces se practicaban, encalando las casas afectadas, quemando sus ropas, y por supuesto, con continuas oraciones y misas en todas las iglesias.

Las fosas comunes se ubicaron en un barrio que por aquel entonces aún se encontraba en las afueras de San Cristóbal de la Laguna. Se organizaron hospitales en diferentes puntos de la ciudad, entre ellos, el de San Sebastián, ubicado en la plaza del Cristo, y el situado junto a la ermita de San Cristóbal, en lo que hoy es la plaza de la Virgen Milagrosa.

Ermita de San Cristóbal
Ermita de San Cristóbal

Pronto hubo que decretar también un estado de sitio, cerrando la ciudad para evitar que nadie entrara ni saliera. Aún así, se intentó organizar una partida de nobles, los más importantes de la Laguna, para enviarlos a Tegueste.

Finalmente, y tras un año de penurias, la peste desapareció del mismo modo que llegó, en un día. El 24 de junio de 1583, día de San Juan, fue el primer día que se registró sin una sola muerte. Apenas tres meses después, en septiembre, se decretó el fin de la epidemia.

En homenaje al día en que finalizó la peste, el 24 de junio, a San Juan Bautista se le invocó como Santo Protector de la Ciudad y Patrón de la Laguna, y el regidor, D. Lázaro Moreno, mandó construir la actual iglesia de San Juan Bautista que se halla emplazada sobre aquellas antiguas fosas comunes que sirvieron de reposo eterno para tantos cientos de afectados por la peste en Tenerife.

Iglesia de San Juan Bautista en La Laguna

Brotes posteriores de peste en Tenerife y resto de islas

Como suele suceder en todas las epidemias, años después aparecieron rebrotes de la misma, aunque no tan virulentos como aquél de La Laguna. Fue casi 20 años después cuando se registro un segundo importante brote en la villa de Garachico, siendo este en aquella época el más importante puerto comercial de la isla. Más tarde también habría casos de peste bubónica en las islas de Gran Canaria, de Fuerteventura y en la de Lanzarote.

Fuentes de la historia: ¿Son reales las historias?

Todas estas historias de la peste en Tenerife se apoyan en los escritos que siglos después, en el siglo XVIII, recopilara y nos contara el insigne historiador Viera y Clavijo en su importante libro sobre la historia de las Islas Canarias.

Sin embargo, hay aspectos que quizás no coincidan con esta fuente. Según Viera y Clavijo, fue la llegada de D. Lázaro Moreno de León el que propició con sus tapices la expansión de la peste por la isla, y sin embargo, hay documentos oficiales guardados, curiosamente en la Biblioteca Municipal de Miami, en un conjunto de documentos que tienen sobre las Islas Canarias, en los que se constata que a D. Lázaro Moreno lo mandaron a Tenerife en el año 1583 para que se hiciera cargo de todo lo necesario para frenar el avance de la peste en la isla.

Es decir, según estos documentos oficiales de aquel año (y por tanto, debemos considerarlos como fuentes originales), D. Lázaro Moreno llegó a la isla cuando ya la peste estaba bien avanzada.

Por otro lado, y aunque se cree que la peste llegó en aquellos tapices en barcos que arribaron al puerto de Santa Cruz en mayo de 1582, también hay un documento oficial que registra la muerte de un lagunero, en abril de aquel año (antes de la llegada de los barcos), por una extraña enfermeda en la que los síntomas se mostraban mediante bubas por toda la piel.

Sea como fuera, aquella epidemia de peste en Tenerife, de 1582 ha sido hasta la reciente epiddemia de Covid, la mayor tragedia sanitaria que ha sufrido la isla de Tenerife desde que fuera conquistada por los castellanos.

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